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Apuntes sobre los obturadores

El conjunto de obturador+lente de las cámaras antiguas es una auténtica maravilla de dos campos de la tecnología: la mecánica y la optica.

obturador COMPUR de una Zeiss-Ikon- (c)Pedro Pernías, 2010. Algunos derechos reservado

obturador COMPUR de una Zeiss-Ikon- (c)Pedro Pernías, 2010. Algunos derechos reservados

El obturador mecánico

La mecánica de estos dispositivos es esencialmente un reloj capaz de contar el tiempo en fracciones determinadas. Regularmente, son de más breve a menos, de 1/125 de segundo, 1/60, 1/30, 1/15, 1/8, 1/4, 1/2, y 1 segundo. (El obturador de la foto muestra marcas de velocidad de obturación de 1/25, 1/50 y 1/100 de segundo)

El reloj debe tener mecanismos apropiados para, al iniciar el conteo abrir una abertura que deje pasar la luz y cuando acabe el conteo, cerrarlo perfectamente. Todo ello, además, consiguiendo que la apertura y el cierre de ese diafragma se haga en el menor tiempo posible y que por ello, no añada o reste tiempo de exposición a la cámara. (No estamos hablando del diafragma que regula el tamaño del orificio por el que pasa la luz).

Es frecuente que muchos obturadores tengan, además, un reloj asociado que permite demorar unos segundos la activación del disparador, para, por ejemplo, posibilitar al fotógrafo ubicarse en su propia foto.

Es muy posible encontrar un obturador que aún siga realizando bien su trabajo tras más de 50 o sesenta años. Esto es bastante habitual y habla maravillas de la calidad técnica de los ingenieros de la época. Las cámaras de fotos que tienen estos mecanismos suelen ser modelos sofisticados que en su día tenían un precio elevado, frecuentemente  sólo al alcance de una minoría. La popularización de la fotografía es un fenómeno reciente debido a la producción en masa, a la simplificación de las tecnologías y, sobre todo, a la irrupción de la electrónica, que consigue lo mismo a un coste de producción mucho más bajo.

En muchas ocasiones, basta con eliminar la grasa reseca de un obturador mediante una limpieza con gasolina de mechero para devolverlo a su estado original.

Pero hay ocasiones en que esto no basta.

Por ejemplo, cuando las hojas del diafragma del obturador están dañadas y no cierran correctamente, o los muelles tensores han perdido su fuerza y están deformados…o ha sido inadecuadamente manipulado y estropeado más allá de cualquier reparación.

Esta es, frecuentemente, la razón que nos inutiliza una cámara de época para seguir tomando fotos con ella. Siempre podemos usarla como “cámara de exposición” en una vitrina.

Las ópticas

El segundo elemento importante de un obturador es el conjunto de lentes que tiene. La ciencia óptica aplicada se desarrolló muy fuertemente a finales del siglo XIX y a principios del XX. Allí se estudiaron las combinaciones de lentes concavo-convexas, los tamaños y hasta se desarrollaron las técnicas de vaporización de sustancias sobre las lentes que son la base de los tratamientos antireflectantes de las ópticas actuales, no sólo en cámaras sino en gafas, telescopios, etc.

Estas lentes suelen formar grupos. Algunos de ellos tienen un espacio que separa las lentes y otros pegan las lentes unas a otras con pegamentos transparentes que no afectan a la visión.

Los obturadores antiguos soportan estas lentes enroscando los distintos grupos a ambos lados del mecanismo de relojería que controla el tiempo de exposición.  Uniendo o separando algunas de las lentes de estos conjuntos se consigue enfocar objetos lejanos o cercanos.

Un tercer elemento, el diafragma propiamente dicho, es un mecanismo presente en el obturador que permite aumentar o disminuir el tamaño del orificio por el que pasa la luz en unas proporciones concretas.

Las lentes pueden haber sido maltratadas, mal mantenidas o haber sufrido golpes o arañazos. En este caso, la lente puede quedar inservible hasta para nuestros propósitos.

Un fenómeno frecuente es que la lente presente  hongos. Estos suelen aparecer como un moteado en la superficie del cristal o como una especie de tela de araña o marca ramificada sobre ella.

Estos hongos pueden dañar la lente permanentemente, al alimentarse del recubrimiento del cristal -nunca del cristal- o del pegamento que une las lentes si lo hubiera. Estos hongos están relacionados con la humedad y técnicamente son contagiosos a otras lentes. Aunque lo frecuente es que los hongos hayan muerto hace mucho y que lo que veamos sean las marcas que han dejado.

Una posible solución es meter la lente sola -sin su montura- en una solución al 5% de acetona y 5% de agua oxigenada en agua destilada durante unas horas. Al cabo de ese tiempo, limpiar las lentes con un paño suave. Frecuentemente se soluciona el problema de los hongos casi en su totalidad.

Si el hongo está en el pegamento que une las lentes -también se llama cola canadiense- el arreglo de la lente puede ser tan complicado que no merezca la pena.

Con todo, los defectos que podemos ver en las lentes se notarán si utilizamos aberturas de diafragma muy altas. La falta de foco de esos defectos hace que en muchas ocasiones, los defectos de las lentes sean imperceptibles -a diferencia de una mancha en un sensor de cámara digital, que se nota mucho-.

Cuando desmontamos las lentes de un objetivo, variamos las distancias que separan los conjuntos de las mismas. Ello nos obligará, cuando montemos de nuevo en su sitio, a calibrar el foco del obturador.

Los tipos de obturador que podemos utilizar pueden ser muy variados. Pero a continuación os mostramos algunos ejemplos.

Posted in Sin categoría by admin on octubre 15th, 2010 at 15:07.

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